Cómo colaborar

hogar

Adoptando:

La decisión de tener un perro no puede tomarse a la ligera y la elección del adecuado nos ahorrará muchos problemas en el futuro. ¿Cuántos concesionarios visitamos para comprar un coche? ¿Cuántos modelos comparamos? Por increíble que parezca, la gran mayoría de las personas dedican más tiempo a esto que a elegir al animal que será su fiel compañero durante más de una década.

Debemos ser sinceros con nosotros mismos y analizar nuestro estilo de vida (el tamaño de nuestra casa, el tiempo del que disponemos, si somos o no deportistas y para qué queremos al perro) antes de decidirnos. Una vez tengamos claro lo que buscamos, podemos acudir a una de las múltiples protectoras de animales o perreras que existen y dejarnos asesorar por los voluntarios. También podemos acudir a un criador a comprarlo, claro, pero, ¿habiendo tal cantidad de ellos esperando una segunda oportunidad, por qué no adoptar? Así estaremos salvando dos vidas, una, la que nos llevamos a casa y otra, la que ocupará el lugar de nuestro nuevo animal en el refugio del que lo saquemos. Además, por desgracia, hay tanto donde elegir que seguro que encontramos lo que buscamos: cachorro o adulto, grande o pequeño, tranquilo o activo, macho o hembra, incluso perros de raza. Lo ideal es observarlos a todos para ver los que más nos gustan o se adaptan a nuestras necesidades, pedir consejo a las personas  que los tratan día a día y solicitar que nos dejen pasearlos, para ver cómo se comportan. Aun así, esto último puede variar al llegar a casa, pues el perro necesitará tiempo, cariño y tranquilidad para habituarse a su nuevo hogar, ¡ninguno tiene una historia fácil detrás!

Siendo casa de acogida:

Si no queremos o podemos adoptar tal vez sí podamos acoger temporalmente a un perro. Las casas de acogida desarrollan una labor fundamental ya que todas las protectoras están saturadas y muchas veces no pueden salvar a más animales por falta de espacio. Además, algunos perros llegan en un estado lamentable a estas asociaciones y requieren cuidados muy difíciles de proporcionar en un refugio. Así, son el lugar puente entre el abandono y el hogar definitivo, un sitio donde los perros son cuidados y atendidos, vuelven a confiar en los humanos, curan sus miedos y se recuperan físicamente.  Normalmente es una labor muy gratificante ya que el animal que llega no tiene nada que ver con el que se va con su nueva familia, ¡no hay nada que el cariño y la dedicación no puedan conseguir!

A veces, se sabe a priori el tiempo que necesitarán (cuando están convalecientes, pendientes de viajar o ya les espera un adoptante) y otras veces son indefinidas y dependerá de que surja alguien interesado.  Los gastos suelen correr a cargo de la protectora a la que pertenecen, pero cada una se rige por sus propias reglas, por lo que es conveniente informarse antes.

Siendo socio y/o voluntario:

Otra opción para colaborar es haciéndonos socios o voluntarios de algún refugio. Los socios apoyan la labor de las asociaciones de forma económica, realizando aportaciones periódicas de la cantidad que deseen y gracias a ellos estas asociaciones pueden seguir rescatando animales. Por supuesto, también son bienvenidas las donaciones esporádicas que ayudan a cubrir parte de los gastos que se generan: instalaciones, comida, veterinarios…

Los voluntarios en vez (o además) de dinero, regalan su tiempo. De manera altruista dedican parte de su ocio a ayudar a los perros y gatos abandonados: dándoles de comer, limpiándolos, sacándolos de paseo o simplemente dándoles el cariño que tanto necesitan. También se dedican a la difusión de los casos para fomentar su adopción, las campañas de concienciación, la organización de mercadillos y otros eventos para recaudar fondos y otras muchas labores. En la página web de cualquier protectora podemos encontrar toda la información al respecto para animarnos a colaborar  en estas u otras modalidades: apadrinar a un animal, ser padrino de vuelo, ¡toda ayuda es poca!