La navidad: una época de estrés y peligro para nuestro perro

perronavidadLas luces de las calles y los centros comerciales lo venían avisando ¡la navidad ya está aquí! Puede que seas de los que la odie o puede que adores tan entrañables fechas pero, ¿te has parado a pensar lo que suponen para tu perro? Estos días pueden resultar muy estresantes para él e incluso, peligrosos. Y no nos referimos sólo a que se vea obligado a posar con un gorrito de Papá Noel y espumillón al cuello para las postales de la familia. Basta con analizar las situaciones cotidianas de esta época desde su óptica para darnos cuenta de que para los de cuatro patas, no todo va a ser paz y amor.

Decoración y plantas tóxicas

Pongámonos en situación. Un buen día, aparece en medio de la sala un abeto cargado de juguetes que cuelgan desafiantes,  a lo peor hasta tiene luces y música. Nuestro mejor amigo sabe que los árboles sirven, entre otras cosas, para hacer pis. Y las pelotas y muñecos para jugar. Lo de la guirnalda con el Jingle Bells no lo tiene tan claro pero lo deja hipnotizado. Es un animal curioso por naturaleza y si es un cachorro o joven, el desastre está servido. Los riesgos para el perro son evidentes: que se le caiga el árbol encima, que se asfixie con los adornos o se electrocute con las luces, además de que le caiga una bronca monumental, claro. ¿Significa esto que tenemos que renunciar a la decoración navideña? No, pero sí que tenemos que vigilar las reacciones de nuestra mascota y dejarle claro que no se toca. Si la ignora por completo, podremos estar tranquilos pero si no, es mejor no dejarle solo con un estímulo tan poderoso…o atenernos a las consecuencias. Lo mismo es aplicable a los regalos.

Además, hemos de tener especial cuidado con las plantas típicas de estas fechas como la flor de pascua, el acebo o el muérdago, muy tóxicas para el perro. El peligro de envenenamiento es alto así que si no queremos prescindir de ellas, debemos dejarlas totalmente fuera de su alcance.

Reuniones familiares

Si nuestra casa va a acoger las reuniones familiares debemos ser conscientes de que la rutina y el espacio de nuestra mascota van a ser invadidos. Hay que tener en cuenta si va a haber niños o no y si los tolera bien, si conoce a los invitados y si éstos son amantes de los animales. También el carácter del perro puede hacer que sus reacciones varíen: si es tímido o asustadizo, reaccionará con miedo y escondiéndose. Debemos respetar su decisión de permanecer al margen y garantizarle un sitio donde pueda estar tranquilo. Si, por el contrario, es el rey de la fiesta, puede sobreexcitarse y ponerse muy pesado reclamando atención. Lo mejor es, dentro de lo posible, no alterar sus hábitos y procurar que esté cansado y que las visitas no le molesten demasiado. No debemos olvidar que está en su casa y aunque tiene que comportarse, debemos garantizarle que pueda retirarse del bullicio si así lo desea.

 Las comilonas

El olor a comida invade cada rincón, en la cocina se preparan suculentos manjares y hay dulces por todas partes. El pienso pierde todo el interés que pudiera tener y nuestro perro se convierte en una máquina de mendigar (o robar!) cualquier cosa que pille. Las frases tipo  ¡Bobby, aléjate de la basura! ¡Sal de la cocina! ¡No dejéis eso ahí que se lo va a comer! se oyen sin parar…¿os suena? Pocos perros están lo suficientemente bien educados para no volverse locos en esta situación y todavía menos dueños resistimos la tentación de darles algo extra de vez en cuando. El problema, (además de lo molesto que resulta tener al can siempre rondando) es que puede sufrir un empacho, comer cosas inadecuadas para él o incluso atragantarse con huesos, papeles etc.  La solución: darle de comer antes de que empiece a oler cosas mejores y retirar de su alcance todo lo que pueda robar. No permitirle que pida en la mesa y si queremos darle algo especial (al fin y al cabo, es Navidad!), elegir restos de carne magra sin hueso ni salsa y ofrecérselo en su comedero.

La pirotecnia: su peor pesadilla

Y por último, el peor problema de las fiestas: la pirotecnia. Los perros tienen el oído tremendamente desarrollado por lo que los petardos, bombas y fuegos artificiales les resultan muy desagradables. Algunos los ignoran o ladran un poco, pero otros sufren verdaderos ataques de pánico con taquicardias, desorientación, se hacen sus necesidades o se autolesionan, destruyen cosas, se escapan y pueden incluso morir por ataques al corazón, por intentar escapar por ventanas  o atropellados fruto de su huida desesperada.

Tener un lugar seguro donde refugiarse, intentar distraer al animal antes de que empiece la ansiedad y no encerrarlo ni castigar su comportamiento son algunos de los consejos más habituales en estos casos. Lo que no debemos hacer nunca es tratar de calmarlo cogiéndolo en brazos, acariciándolo o cualquier otra cosa que suponga una gratificación para el perro y que pueda interpretar como un refuerzo de su conducta miedosa. Si permanecemos tranquilos percibirá que no hay nada que temer. Sin embargo, muchos casos necesitan otro tipo de remedios como feromonas apaciguadoras, productos naturales relajantes o incluso medicación. El veterinario es la persona que debe decidir el tratamiento más adecuado para cada caso.

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